Disfruto de ese momento en un izakaya de los de antes en el que miro la carta y pienso qué pedir después. Elegir ya es parte del placer. Y es un placer muy personal: quizá el plato que me llama la atención no le apetezca a quien está a mi lado. Cuando pienso en los viajeros que buscan compañía en Tokio, me parece un buen punto de partida. Querer compartir un rato no significa querer pasar la misma noche, y mucho menos hacer el mismo viaje.
Esta nota reúne varias preguntas recientes de personas que viajan solas y buscan compañía. La fotografía pertenece a mi colección; no documenta un encuentro narrado aquí.
Compartir una taza no tiene por qué significar compartir todo el itinerario.
Basta con tener una cosa en común
Puede que te apetezca buscar videojuegos antiguos y que la otra persona prefiera mirar cerámica. No hace falta elegir entre los dos planes. Cada uno puede pasar la tarde a su aire y quedar después para tomar un té. Tendréis algo que contaros sin que nadie haya pasado horas esperando al otro.
Me gusta empezar por algo tan sencillo como una taza de té. Una mesa, algo que beber y tiempo para escuchar un poco cómo ha ido el día de otra persona. No hacen falta unas vistas famosas ni una lista de lugares que recorrer. Tampoco tiene que ser una prueba para decidir si vais a haceros amigos.
Una invitación concreta y fácil de entender
En lugar de buscar compañía para un día sin definir, propón una sola actividad, una hora aproximada y la zona en la que ya estarás. Por ejemplo: «¿Te apetece tomar un té cerca de la estación sobre las tres? Tengo más o menos una hora antes de mi siguiente plan». Es un ejemplo de invitación, no un mensaje de un viajero.
Acordad el punto exacto de encuentro, comprobad que el local estará abierto y elegid un presupuesto con el que ambos estéis cómodos. Si es la primera vez que quedas con alguien que no conoces, elige un lugar público abierto y con personal, y conserva tu propia forma de marcharte. No necesitas dar el número de tu habitación ni convertir un primer saludo en un compromiso de viajar juntos.
También se puede compartir un momento tranquilo
Una vez sentados, no hace falta que la tarde se convierta en una comparación de cuántos lugares ha visitado cada uno. ¿Qué te ha llamado la atención hoy? ¿En qué te ha gustado detenerte? Un detalle pequeño puede ser suficiente. También hay espacio para mirar la taza, saborear el té o hacer una pausa.
Quienes os atienden están trabajando, y los demás clientes tienen sus propios motivos para estar allí. Hablad a un volumen que encaje con el ambiente. Respetad las condiciones del local sobre consumiciones y tiempo de estancia, sin dar por hecho que una bebida permite ocupar la mesa indefinidamente. Incluso un plan pequeño sucede en un espacio que forma parte de la vida cotidiana de otras personas.
Dejar que el plan termine donde habíais acordado
Si a los dos os apetece seguir, podéis decidirlo juntos. Si uno tiene que irse, ese rato no ha sido un fracaso. «Me ha encantado; yo me voy yendo» es un buen final. Puedes disfrutar de la compañía de alguien sin compartir el resto de tu itinerario ni prometer otro encuentro.
Y si nadie puede quedar, conserva la parte del plan que te apetecía hacer. Puedes tomar ese té o entrar en esa tienda por tu cuenta. Yo no mediría el valor de un día a solas por si alguien se ha sumado a él. La compañía puede ser una parte agradable del viaje sin convertirse en una condición para disfrutarlo.
Si te apetece conocer a alguien durante tu estancia en Tokio, elige una cosa pequeña que te gustaría compartir. Propón un lugar, una hora y un momento natural para despedirse. Deja que el resto del día siga siendo de cada uno.
